Valparaíso


En mañana bulliciosa despierta en la ventana el mercado de Valparaíso. Desde temprano a gritos se oye el reclamar de vendedoras de calle sucia, se inunda el calor de este verano de frases con aroma: “a 100 pesos, a 100 pesos lechuga española chiquilla” y “pimentón, choclo casera”, “papas de serena” y toda la verdura del mundo que en chile se restringe del mar pacífico a las montañas de los andes. Y Al acabar, solo sobras de verduras y frutas, olor a sobras de pescado y mariscos.

Como Ciudad cultural que es Valparaíso en micro viajan poetas vendiendo lo suyo, recitando directo a la gente que sin barreras escucha, suele ser aquella otra poesía, mas social, mas de todos. Y el puerto para los artistas comenta Juan carlos que desde su sombrero amplio vislumbra el mundo como si Valparaíso fuera nada mas y nada menos que una parte de él. Pasean sonoras de voces las gentes por sus avenidas marítimas mientras allá en lo alto se intuye el silencio de los cerros.

Y aquel lobo marino varado en el dique no se molesta, porque subirá la marea, es quien se sabe libre esta enorme bola de grasa. Tan ausente del mundo en sus orillas, tan fresca, tan linda Valparaíso que de enfermedad caigo prendido después de bañarme en sus aguas gélidas.

Pero para mi Valparaíso no viene sola , viene con coni, estrellita blanca coni, estrella humana Valparaíso.

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